Tengo tres invitaciones abiertas a Brightkite para los que dejan los primeros tres comentarios en este post. (Pero tienen que vivir en Buenos Aires.)

Hace años los futuristas nos avisaban que iba a llegar el día en que estamos caminando por la calle y recibimos un aviso cada vez que estamos dentro de 200 metros de un amigo nuestro. Por fin, ese día ya ha llegado:

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Brightkite es un servicio Web 2.0 que vincula nuestra locación con los varios aplicaciones web 2.0 del internet a través de tu movíl. Agregando todas las fotos y los mensajes que dejamos desde cada lugar donde hacemos un check-in, Brightkite desarra paginas para cada ciudad, cada barrio, cada dirección, y muestra un vislumbre arqueológico de todos que han pasado por el lugar. Por ejemplo, ahora mismo yo me encuentro en la biblioteca pública de Las Vegas:

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Ahora, la pagina para Buenos Aires:

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El problema es que Brightkite sólo es útil cuando hay muchos usuarios en la misma ciudad. Por eso, quiero regalar las invitaciones a residentes de Buenos Aires.

Hace tres semanas, mi amigo Juan Gonzales (originalmente de México, ahora viviendo en Toronto), enlazó a un reporte especial por The Economist que se ocupa de la nueva generación de tecnonómades.

Jorge sostiene que el tecnonómade sólo puede existir “mientras permanezcas en el área donde la conectividad es confiable. No se trata de una movilidad viajera, que salta de país en país. En todo caso, se trata de un tipo de movilidad que salta de ‘ciudad confiable’ en ‘ciudad confiable’.” De acuerdo. Sin embargo, la cantidad de ‘ciudades confiables’ (o, realmente, barrios confiables) está creciendo cada més. En barrios como Recoleta, San Telmo, y Palermo, nunca estoy más que una cuadra de una conexión inalámbrica. Adémas, la cobertura de EDGE por Movístar es bastante amplia, permitiendome a usar mi iPhone en la misma manera de que lo uso aquí en los Estados Unidos.

Lo inconveniente de una vida más móvil es que, paradójicamente, nos encontramos más isolados y más solos. Logramos la libertad de laburar desde cualquier café o bar, pero perdimos el sentido de comunidad que se desarrolla en el ambiente de oficina.

Como solución, Brady Becker de Brightkite, habla de la “democratización del tercer lugar.” El término, el tercer lugar viene de un libro por el sociologo Roy Oldenburg quien planteó la idea de que necesitamos establecer lugares semi-púbicos donde nos reunimos, platicamos, y laburamos juntos para contrarrestar la soledad de la vida suburbana. Para mí, ejemplos de esos lugares en Buenos Aires son El Federal en San Telmo, el Botique del Libro en Palermo, la Ciudad Cultural Konex, Bar Británico, y todos los lugares donde se juntan los de Palermo Valley.

Brady Becker destaca que muchos negocios – como los Starbucks – han incorporado la idea del tercer lugar como parte de su mensaje de marketing para atraer los tecnonómades, pero quieren que nos sentamos culpable si no compramos algo cada 30 minutos. Con el uso de herramientas como Brightkite, podemos re-inventar la idea del tercer lugar. Me encanta la idea de instalar una red inalámbrica en Plaza Dorrego o Parque Lezama y llevar mi laptop todos los días para juntarme con otros como yo que laburamos fuera del ambiente de oficina.

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